En México la democracia se fortalece con hechos, no con privilegios.
El Plan B de la reforma electoral propone algo sencillo pero necesario:
menos gastos excesivos, más transparencia y un uso más justo de los recursos públicos.
Se acabaron los sueldos fuera de la realidad, los abusos y las estructuras que solo benefician a unos cuantos. Hoy se busca que el dinero del pueblo regrese al pueblo, en obras y bienestar.
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